lunes, 10 de octubre de 2011

Aproximación a CARL SAGAN


Carl Edwart Sagan nació 1934 en la ciudad de Nueva York. Inicialmente se licenció en física y posteriormente se doctoró en astrofísica con un trabajo sobre venus y el origen de sus altas temperaturas atribuido a lo que posteriormente se denominó el efecto de invernadero. Más adelante, se doctoró en biología y más tarde lo hizo en filosofía, fue consejero de la NASA a partir de finales de los años 50 y colaboró con la instrucción de los astronautas del proyecto Apolo que llevó al hombre a la luna, integró los equipos de experimentación de los proyectos Mariner, Viking, Voyager y Galileo, algunas de sus ideas quedaron plasmadas en sendos discos fonográficos lanzados en 1979 a bordo de las sondas espaciales Voyager destinadas a explorar los planetas exteriores del sistema solar y que, ya una vez terminada su misión inicial, hoy aún siguen enviando información a los centros de recepción ubicados en el planeta tierra. Se calcula que la duración de estas sondas, así como la duración de los discos que portan, será de más de 10.000 años[1].
En primavera y otoño de 1976, cuando formaba parte del “equipo de imagen en vuelo del vehículo de aterrizaje Viking”, en la exploración de Marte, percibió que el gran público tenía muy poco conocimiento en estos grandes acontecimientos, “la primera vez que el hombre llegaba realmente a otro mundo”.  Los medios de comunicación decepcionados al no encontrar vida en el planeta cada vez mostraron mayor desinterés hasta llegar casi a ignorar tan grande acontecimiento.  Esto llevó a que Carl Sagan pensara en hacer asequible al gran público las ideas, los métodos y las alegrías de las ciencias[2]. Esta situación hizo que Carl Sagan además de ser un gran científico, profesor durante algún tiempo de Harvard, posteriormente en la Universidad de Cornell y director de uno de los más espectaculares laboratorios de ciencias planetarias[3], se convirtiera en divulgador científico.
Para Sagan la ciencia ante todo se caracteriza por ser un método descubierto no hace mucho y constituye una manera “eficaz y elegante de comprender el universo”. Piensa que se vive hoy en una encrucijada histórica tanto para la civilización como para la especie pero, sea cual sea el camino que el hombre siga, está ligado a la ciencia y al conocimiento que ésta proporciona.
Para Carl Sagan, basado en Demócrito, “conocer y disfrutar es la misma cosa”.  El ser humano, fruto de la larga evolución que se inicia con el Big Bang, se ha desarrollado de tal forma que el conocimiento le produce placer, ya que quien conoce y comprende tiene más posibilidades de sobrevivir[4]. De ahí que la ciencia está inserta como un elemento fundamental en toda la “aventura humana” por eso es necesario verla en relación con cuestiones sociales, políticas, filosóficas y religiosas.
Según Sagan, la ciencia es el “moderno mito” que explica la creación del cosmos y del hombre, pero tiene un elemento fundamental, que no tenían los otros mitos de la creación y es que “la esencia de la ciencia es que se autocorrige”[5] y su única verdad absoluta es que “no existen verdades absolutas”. De ahí que la ciencia no sólo conoce cómo es el universo sino en alguna medida construye el universo, específicamente, el universo del hombre[6].
La ciencia emerge de la amplia herencia evolutiva que se sintetiza en el hombre y que le proporciona un cerebro conformado por tres estratos denominados, en consonancia con Paul Mclean, el complejo R, evolucionado hace millones de años en los reptiles, base del seguimiento a líderes, rituales de apareamiento, territorialidad, agresividad; el sistema límbico, desarrollado por los mamíferos y sede de los rasgos altruistas, emocionales y religiosos; y el neocórtex, en donde su ubica el intelecto y la razón compartido “con los primates superiores y con cetáceos como los delfines y las ballenas”.[7]
Sagan piensa que la función más característica del ser humano es “la capacidad de raciocinio y la formulación de abstracciones”, no desliga a la especie humana de las demás especies que pululan el planeta sino que considera que entre estas, especialmente los primates y el hombre, existen “unas finas divisiones”[8].
La curiosidad y el deseo de solucionar dilemas emergen como características peculiarizantes de la especie, éstas, evolucionadas, se convierten en la ciencia, las matemáticas, la técnica, la música y las artes, todas ellas denominadas genéricamente humanidades, de ahí concluye que “la matemática entra en el capítulo de las humanidades con el mismo derecho que la poesía”[9].
Para Carl Sagan la ciencia constituye “una luz en la oscuridad” ella surge de la inquietud que se expresa en todo ser humano cuando se pregunta “cómo se puede saber cuando alguien sólo imagina”. Aquí Sagan formula, a su manera, la inquietud que orientaba a Descartes en el sentido de cómo saber ¿cuándo el ser humano se engaña? Y a partir de allí surge la necesidad de crear un método en el cual se conjugue “el escepticismo”, el cuestionamiento y “el asombro” que son “los dos modos de pensamiento difícilmente compaginables base del método científico”,[10] en este aspecto coincide Sagan con las antiguas apreciaciones de Aristóteles y Platón cuando pensaban que el “taumátzein”, el asombro, es el origen del pensamiento filosófico. 
La ciencia requiere de grandes grados de imaginación, ella no le debe temer a la especulación pero todo lo que produce la imaginación debe ser decantado, criticado escépticamente, para que lo que de allí resulte, sea tomado provisionalmente como válido; posteriormente los científicos deben buscar comprobar esos resultados hasta el punto de ruptura, ellos no deben confiar en lo que es “intuitivamente obvio”.
Para Carl Sagan la ciencia es lo más preciado, pero ella vista en la perspectiva de la totalidad del cosmos es, en consonancia con Einstein, “primitiva e infantil”.  Y es lo más preciado porque ha ayudado a los hombres a mejorar su calidad de vida y dentro de ésta ha aumentado la longevidad de los seres humanos. Afirma Sagan que “en la época preagrícola, de cazadores-recolectores, la expectativa de vida humana era de 20 a 30 años, la misma que en Europa Occidental a finales de época romana medieval.  La media no ascendió a 40 años hasta alrededor del año 1870, llegó a 50 en 1915, 60 en 1930, 70 en 1955 y hoy se acerca a 80 (un poco más para las mujeres, un poco menos para los hombres).  El resto del mundo sigue los pasos del incremento europeo de la longevidad. ¿Cuál es la causa de esta transición humanitaria asombrosa sin precedentes? La teoría del germen como causante de la enfermedad, las medidas de salud pública, las medicinas y la tecnología médica”[11].
A pesar de lo anterior, Sagan es conciente de los peligros que ese desarrollo conlleva, él percibe que esto plantea grandes desafíos, que, contrario a lo que muchos piensan, no se solucionan con llamados a la irracionalidad y al abandono de la ciencia sino a la agudización, el progreso y al incremento de la ciencia, ya que, como se manifestó anteriormente, ésta es autocrítica, buscando conseguir medios más seguros y eficientes en todos los ámbitos de la vida humana, junto con medidas significativas hacia la igualdad política de los hombres y mejoras en las condiciones de vida de todos los seres humanos, especialmente, de los más pobres del planeta.
De otra parte, piensa Sagan que en el mundo actual, para cada ciencia existe una pseudociencia y esta es distinta de la ciencia errónea. En la pseudociencia, contraria a la ciencia, sus formulaciones se realizan de tal manera que no hay posibilidad de refutación y por ello en principio la pseudociencia aparece como irrefutable e invulnerable, en cambio,  “la ciencia avanza con los errores y los va eliminando uno a uno. Se llega continuamente a conclusiones falsas, pero se formulan hipotéticamente. Se plantean hipótesis de modo que puedan refutarse. Se confrontan una sucesión de hipótesis alternativas mediante experimento y observación.  La ciencia anda a tientas y titubeando hacia una mayor comprensión. Desde luego, cuando se descarta una hipótesis científica se ven afectados los sentimientos de propiedad, pero se reconoce que este tipo de refutación es el elemento central de la empresa científica.[12]
Según Sagan, la diferencia más importante entre la ciencia y la pseudociencia consiste en que la ciencia, en última instancia, reconoce la imperfección humana y la posibilidad permanente de ésta de caer en el error, por ello la ciencia permanentemente está poniendo sus enunciados a prueba, ya que “si nos negamos categóricamente a reconocer que somos susceptibles de cometer un error, podemos estar seguros de que el error – incluso un error grave, una equivocación profunda- nos acompañará siempre”[13].
Ratifica Sagan su apreciación de que la ciencia es mucho más que “un cuerpo de conocimientos”, ella es una “manera de pensar” que incluye el método que, aunque difícil, espeso y en ocasiones desalentador, es mucho más importante que los resultados de las ciencias.  El problema del hombre contemporáneo es que acepta los productos de las ciencias pero no sus métodos, su forma de pensar.
El método científico parte de la pregunta, en este sentido para Sagan no hay preguntas estúpidas, “ya que hay preguntas ingenuas, preguntas tediosas, preguntas mal formuladas, preguntas planteadas con una inadecuada autocrítica. Pero toda pregunta es un clamor por entender el mundo”[14]. El método es un método flexible cuya base es la admiración y el pensamiento  escéptico, por esto Sagan aporta una serie de consejos para “el sutil arte de detectar camelos”, que son unas ideas básicas que sirven para ejercer un pensamiento escéptico.
El primero afirma que, dentro de lo posible, debe haber una confirmación “independiente de los hechos”.
El segundo, sostiene que se debe realizar un acucioso debate sobre las pruebas por parte de los defensores.
El  tercero, recomienda tener en cuenta que “los argumentos de autoridad” no son de fiar. Y agrega que “en las ciencias no hay autoridades; como máximo hay expertos”.
El cuarto, plantea que se debe barajar más de una hipótesis, las cuales se deben someter a una selección darwiniana y aceptar la más apta, la que mejor responda a los desafíos del medio.
El quinto, recomienda que quien formula la hipótesis no se debe comprometer mucho con ella porque es suya.
El sexto, sugiere la cuantificación, ya que los resultados cuantificados tienen un sentido más unívoco, mientras que lo cualitativo está sometido a diversas interpretaciones.
El séptimo, sostiene que una argumentación debe ser consistente, es decir, todos los eslabones del razonamiento deben funcionar.
El octavo, recomienda el rasero de Ockham, es decir, frente a dos hipotéticas explicaciones se debe preferir la más simple.
La novena, sugiere que toda hipótesis formulada debe poder ser falsificada, es decir, debe poder ser refutada.[15]
En la ciencia debe haber una permanente obsesión con la realidad, ella como ya quedó expresado, es un “matrimonio difícil de llevar, pero muy productivo entre escepticismo y el asombro”.
Desde la perspectiva ética, Sagan identifica muchos de los peligros producidos por la misma ciencia, tales como la proliferación de armas producto de un conocimiento más sofisticado de la física aplicada a la artillería, a la aviación, al desarrollo de las armas nucleares así como otros conocimientos aplicados a la industria de la guerra que crea armas de destrucción masiva como bombas químicas, biológicas, etc. De igual forma, piensa que el desarrollo científico tecnológico ha ocasionado problemas ecológicos mundiales, como el calentamiento global del planeta, debido a la quema de combustibles fósiles, lo que puede ocasionar que el planeta tierra poco a poco se vaya pareciendo a Venus, el debilitamiento y en algunos lugares desaparición de la capa de ozono, debido a los clorofluorocarbonos, la posibilidad de un invierno nuclear como consecuencia de una confrontación nuclear a gran escala, lo que podría asemejar el planeta tierra con Marte y sus fríos glaciales debido a las tormentas de arena que en ocasiones cubren el cielo y no permiten el paso de la luz solar[16]. 
Sagan no desconoce que los científicos son “humanos demasiado humanos”. Para ello se puede poner por caso el del físico, de origen húngaro, “Edward Teller”, quien planteó la construcción de la bomba de fusión termonuclear o de hidrógeno y que desencadenó toda una carrera armamentista entre la entonces Unión Soviética y los Estados Unidos de Norteamérica, dilapidando enormes cantidades de recursos económicos suficientes para comprar todo lo que hay en E. E. U. U. excepto su tierra [17]. Así mismo, Teller recomendó a la administración de Ronald Regan la idea de la “Guerra de las Galaxias” o “Iniciativa de Defensa Estratégica”. Toda la desafortunada intervención de este científico fue motivada por un odio visceral, “casi fanático” a los comunistas y este odio pudo tener consecuencias desastrosas no sólo para una nación o dos naciones en conflicto sino para la especie humana en conjunto.
Sagan afirma que: “cuando la investigación científica proporciona unos poderes formidables, ciertamente temibles, a naciones y líderes políticos falibles, aparecen muchos peligros: uno es que algunos científicos implicados pueden perder la objetividad. Como siempre, el poder tiende a corromper. En estas circunstancias, la institución del secreto es especialmente pernicioso y los controles y equilibrios de una democracia adquieren un valor especial”[18].
Sagan no desconoce los peligros que la ciencia conlleva, en ese sentido plantea que a mayor conocimiento mayor riesgo y a mayor riesgo, mayor responsabilidad.  Hoy la posibilidad de destrucción de la especie humana y de muchas vidas en el planeta es una posibilidad real por ello el “precio de la ambigüedad moral es demasiado alto”... ”por esta razón –y no por su aproximación al conocimiento- la responsabilidad ética de los científicos también debe ser muy alta, sin precedentes”.  De ahí que Sagan proponga que en los programas universitarios de ciencia desde los niveles pregrado se deben plantear todas las cuestiones éticas que implica el conocimiento científico. Los científicos deben hablar en nombre de la tierra[19] no en nombre de intereses parciales, de naciones, de partidos, de instituciones, etc.
Piensa Sagan que así como “los científicos conocen el pecado” también hay científicos que poseen una profunda conciencia ética. Analiza, en este sentido, el caso de J. Robert Oppenheimer quien fue director del proyecto Manhattan de armas nucleares que culminó con la primera bomba atómica norteamericana. Él comentó “que los científicos tenían las manos manchadas de sangre que habían conocido el pecado”, posteriormente, el entonces presidente de Estados Unidos de Norte América Harry S. Truman, manifestó su deseo de no volverlo a ver. En este caso a los científicos se les sanciona por cuestionar los usos antiéticos de sus productos.
Y se llega aquí a una última cuestión de gran importancia en el planteamiento de Sagan, cual es la relación de política y ciencia. Para Sagan la ciencia y la democracia nacieron juntas, ellas son producto de la sociedad griega, que alejada de los grandes imperios puedo ejercer su libertad tanto a nivel político, como en sus formas de organización social y que a principios del siglo V a. C. se vio obligada a defenderse del imperio persa. Esa libertad de vida produjo libertad en el pensamiento, libertad en la indagación, en la búsqueda e interpretación de su mundo y esto produjo la ciencia griega.
Para Sagan “los valores de la ciencia y la democracia son concordantes, en muchos casos indistinguibles... la ciencia confiere poder a todo aquel que se tome la molestia de estudiarla (aunque sistemáticamente se ha impedido a demasiados), la ciencia prospera con el libre intercambio de ideas, y ciertamente lo requiere; sus valores son antitéticos al secreto. La ciencia no posee posiciones ventajosas o privilegios especiales. Tanto la ciencia como la democracia alientan opiniones poco convencionales y un vivo debate... si somos fieles a sus valores, nos puede decir cuándo nos están engañando.  Nos proporciona medios para la corrección de los errores. Cuando más extendido esté su lenguaje, normas y métodos, más posibilidades tenemos de conservar lo que Thomas Jefferson y sus colegas tenían en mente” [20]. 
Piensa Sagan que los métodos de la ciencia se pueden usar para mejorar los sistemas sociales, políticos, económicos y es un arma fundamental para los países subdesarrollados y en vías de desarrollo, la ciencia es “el camino de la libertad”. Sagan relaciona la forma de pensar denominada ciencia con la forma de pensar de los padres de la nación norteamericana como Benjamín Franklin, John Adans, James Madinson, George Washintong y el anteriormente citado Thomas Jefferson, quienes inspirados en la ciencia y la razón, producto de la ilustración europea, les interesaba la promoción de la ciencia e “intentaron trazar un camino para Estados Unidos hasta un futuro lejano, no tanto estableciendo leyes como fijando límites del tipo de leyes que se podían aprobar”[21].    
La idea revolucionaria que plantearon e hicieron posible, todos esos grandes hombres, padres de la nación norteamericana, es que no son los hombres “especiales”, llámense reyes, sumos sacerdotes, dictadores militares, gente rica u hombres que se sienten elegidos por los dioses o la providencia sino que la gente común, que nacen libres e iguales, según la declaración de Filadelfia, los que deben gobernar a las naciones.[22]



[1] Cfs. SAGAN, Carl, Un punto Azul Pálido, Notas sobre el autor,  Barcelona, Planeta, 1996, p. p. 428-429
[2] Cfs. Cosmos, Introducción
[3] Cfs. SORMAN, Guy, Los Verdaderos Pensadores de Nuestro Tiempo, Colombia, Seix Barral, 1991 
[4] Op. Cit. Cosmos, Cap. XIII
[5] Ibidem, Cap. XIV
[6] Ibidem, Cap I
[7] SAGAN CARL; Los Dragones del Edén, p. p. 102
[8] Cfs. SAGAN, Carl; Sombras de Antepasados Olvidados, Colombia, Planeta, Tercera reimpresión, 1995 Ibidem, Cap 9, Qué finas divisiones 
[9] Ibidem. 102
[10] Op. Cit. El mundo y sus demonios p. 13
[11] Ibidem. p.27
[12] Ibidem, p. p. 38
[13] Ibidem, p. p.39
[14] Ibidem, p. p. 349
[15] Ibidem,  Cap. 12
[16] Cfs. SAGAN, Carl, Miles de Millones, Barcelona, Grupo Zeta, 1998, El Llamamiento, p. p. 189 - 193
[17] Cfs. Op. Cit. SAGAN, Carl;  Sombras de Antepasados Olvidados, Introducción
[18] Ibidem, p. 316.
[19] Cfs. Cosmos, Cap. 13
[20] Ibidem, p. p. 57
[21] Ibidem, p. p. 460
[22] Cfs, Ibidem, p. p. 458


Bibliografía
SAGAN, Carl, Un punto Azul Pálido, Notas sobre el autor,  Barcelona, Planeta, 1996
Cosmos, Bogotá, Planeta, 1993
Los Dragones del Edén
Sombras de Antepasados Olvidados, Colombia, Planeta, Tercera reimpresión, 1995
El mundo y sus demoniosBogotá, Planeta, 1996
Miles de Millones, Barcelona, Grupo Zeta, 1998
SORMAN, Guy, Los Verdaderos Pensadores de Nuestro Tiempo, Colombia, Seix Barral, 1991 

1 comentario:

  1. Valioso este artículo para entender las reales perspectivas del hombre frente al futuro pero que no llegan a todos como elemento de inspiración.

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